Gopuff, la startup que fue originalmente creada para entregar cachimbas a estudiantes universitarios -sí, eso explica su nombre- y que luego amplió su oferta con entregas de comidas, se ha establecido rápidamente como una de las empresas con más futuro en la industria de los envíos bajo demanda.
La compañía, con sede central en Filadelfia, anunció que había recaudado billones de dólares de inversores para ampliar su servicio de envíos debido al boom de las compras en línea por la pandemia de Covid-19. Sin embargo, también han aumentado las críticas por sus decisiones laborales durante ese mismo periodo.
Al tratarse de una industria que se enorgullece por la velocidad, Gopuff es una de las startups que ha convertido ese aspecto en uno de sus reclamos clave. Ha puesto en marcha casi medio millar de centros repartidos en campus universitarios de las principales ciudades que cuentan con un stock de los productos más demandados, de ahí que prometa entregas en treinta minutos.
No obstante, al poner el foco en la rapidez de entrega, ha contribuido a aumentar la presión de los repartidores, cuyas condiciones, a menudo, no son precisamente buenas desde un punto de vista laboral. Unas prácticas, todo sea dicho, que no son muy distintas de las de las principales empresas de reparto del país.
Recientemente, algunos repartidores de Gopuff han resaltado cómo son tratados en tanto que trabajadores independientes para la compañía, una clasificación que ayuda a esas empresas a reducir costes puesto que no están obligadas a ofrecer ventajas como el salario mínimo, pagas extra o seguro de desempleo. Estas compañías de envíos defienden habitualmente ese modelo alegando que permite a sus empleados tener más libertad y ser sus propios jefes, pero la realidad suele implicar una notable falta de independencia, justamente: eso es, al menos, lo que han criticado varios empleados de Gopuff.
En su trabajo cotidiano, los repartidores aseguran sentir que tienen que informar a los gerentes de los centros de entrega -que sí son empleados de la compañía-, en lugar de simplemente tener que tratar con ellos a través de una aplicación, como suele ocurrir con otras empresas similares. Los gerentes controlan cuantos turnos son necesarios para satisfacer la demanda de envíos, por ejemplo, y se espera que los repartidores se comuniquen regularmente con ellos para notificarles sus movimientos, incluyendo cuando paran a repostar.